El inútil vicio de preocuparse

Hablemos de un vicio que está a la altura de los peores: el vicio de preocuparse.

Si tienes este o lo has tenido, ya sabes lo desastroso que es… ¿O no?

En estos años, he escrito bastante sobre evitar preocupaciones, porque las personas con tendencias ansiosas nos preocupamos demasiado. Y es un vicio difícil de erradicar, ¿no te parece?

Vaya vicio más inútil… Hay malos hábitos de los que, siquiera, sacas el placer del momento. Pero del vicio de preocuparte solo sacas un leve sentimiento de responsabilidad, que no compensa la angustia de la anticipación del daño. Ni por asomo.

Y la gracia es que, quienes nos hemos preocupado mucho en esta vida, hemos visto más de una vez que nuestro sufrimiento ha sido en vano.

Lo que temimos no se produjo. Si se produjo, no fue tan grave como imaginamos. Y, si fue grave, lo pudimos soportar mejor de lo que esperamos.

Esto es lo que te recomiendo: que no seas desgraciado antes de tiempo, toda vez que aquellas desgracias que temiste como ya inminentes quizás nunca han de llegar y con seguridad no han llegado. (Séneca)

Toma la decisión de no preocuparte

O, más que tomarla, renuévala. Esta sugerencia te ha llegado más de una vez. A mí me duelen los dedos de escribirla por aquí, pero puede que la hayas leído del dolor de los dedos o de la boca de otro.

Es un mensaje tan repetido, como el intento de ponerlo en práctica, unas veces con más éxito que otras.

Si una vez tomaste la decisión de no preocuparte por el devenir, renuévala hoy también. Actúa en lo que puedas y aguarda, a ver qué ocurre.

Es verosímil que se produzca algún mal, pero no es todavía una realidad. ¡Cuántos males vienen sin esperarlos! ¡Cuántos que se esperaban no se produjeron en parte alguna!

Aun cuando alguno tenga que venir, ¿de qué sirve adelantarse al propio dolor? Con suficiente prontitud te dolerás, cuando llegue. Mientras tanto, augúrate una suerte mejor. (Séneca)

Este es un recordatorio para mí, principalmente. No soy la única a quien le afecta el vicio de preocuparse, pero soy la única que puede quitarme el dolor. Asimismo, tú eres el único que puede quitarte el tuyo.

Por suerte, tenemos a Séneca para animarnos a hacerlo.

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